Suicidio en la calle de la Perra.
“ ¡Aunque dé un campanazo, yo me desaparto!”, esto fue lo que espetó la mujer de tío Fortuoso una noche calurosa como hoy pero de 1956” (?).
En la calle de la Perra, unas casas antes de llegar a la de la Leopolda, frente a la casa de tío Alonso “Canalejas”, había una lancha de piedra casi plana -lo suficientemente amplia como para que cupieran en ella de diez a quince sillas de las de bayunco- que en las noches del insufrible verano jabeño servía de salón ... (ver texto completo)
“ ¡Aunque dé un campanazo, yo me desaparto!”, esto fue lo que espetó la mujer de tío Fortuoso una noche calurosa como hoy pero de 1956” (?).
En la calle de la Perra, unas casas antes de llegar a la de la Leopolda, frente a la casa de tío Alonso “Canalejas”, había una lancha de piedra casi plana -lo suficientemente amplia como para que cupieran en ella de diez a quince sillas de las de bayunco- que en las noches del insufrible verano jabeño servía de salón ... (ver texto completo)
Sabía de esta desgarradora tragedia (iba a escribir griega, pero ésta tiene como argumento siempre el fin trágico de un personaje importante) doméstica, absurda y atrozmente esperpéntica, lo que no sabía es que anduvieras tú por allí como ávido testigo de los estertores gores del desgraciado Fortuoso.
En fin, también fui testigo de un intento de suicidio que, por fortuna (o no, nunca se sabe) se quedó en eso.
En fin, también fui testigo de un intento de suicidio que, por fortuna (o no, nunca se sabe) se quedó en eso.