Si el Cielo existiera y yo lo alcanzase, supuestos ambos más que improbables, no podría estar mejor en él de lo que he estado este fin de semana en mi pueblo. El tiempo ha sido un buen aliado, pero es la tierra y su gente quienes me han colmado de todos los obsequios y agasajos que necesito: fuerza para andar (que es salud), ojos para ver el espectáculo gratis que ofrece el campo (felicidad), sosiego para conversarlo con mis amigos y familia (suerte), y apetito para comer -y beber- con algún exceso ... (ver texto completo)