El callejero jabeño ha tenido una disfunción como pocos en el mundo, dos calles, una perpendicular a la otra, con el mismo nombre: la calle Iglesia. Una de ellas, por su acera impar, comenzaba en la esquina de “Cortecita” (que era una pescadería) y terminaba en la casa de José “el de los baldosines” (antigua fábrica de cerámicos). La otra acera, los pares, comenzaba por la de tío Juan José “el Herrero” (que era una fragua), y terminaba en la casa de “los Galgos” (entre otras cosas, una lechería).
Pero
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Leganés no te ilusiones demasiado con el interior del
Convento. Es verdad que es bueno que se haya rehabilitado porque en caso contrario acabaría desapareciendo. En mi opinión la rehabilitación ha sido un poco dañina y desgraciadamente el azufaifo ha desparecido.