Déjame que te recuerde cómo éramos aquel lejano día en que compartimos por primera vez el pan. Hoy, como entonces, hace un espléndido día otoñal. El silencio y la paz nos regalan una vez más los sonidos del paraíso. Hoy, como entonces, sentados en la falda de la sierra, me he vuelto a enamorar de ti. Es una locura enamorarse cada día con la misma pasión y dejar que broten las lágrimas. Con el fulgor de la llamarada, como aquel día, en que compartimos por primera vez el pan. Primeros días de noviembre ... (ver texto completo)