Gracias, Pedro, por la dedicatoria en la que -dándonos por aludidos- muchos nos encontramos instalados; siempre he creído -cándidamente- que el amor será el ángel salvador deste mundo, nunca me he cansado de repetirlo; hay que añadir el flujo de la irreflexiva pasión del que a veces siente uno algún déficit, jejeje, y que es mu necesario aunque sea un anhelo: cuánto malegro que estés empapado de amor y libertad. Lo que mextraña (y ya sé que es mu metafórico) es que reduzcas tu patria casi al espacio que te contiene pues, siendo hermosísimo el acotamiento, yo creí que la extenderías, cuando menos, a eso de “La patria es la palabra” de O. Paz, del que también suscribirás que morir de amor es un dolor asumible.
Pos sí, yo sigo con Baudelaire, y Rilque y, sobre todo, con el aviador del “Principito”, Saint-Exupery: MI PATRIA ES MI INFANCIA, ¿por qué crees tú que me alimenta tanto el pueblo? Otra cosa es que la infancia sea proveedora de felicidad, eso es otra cosa. Por cierto, renuncio a darte mi impresión sobre las que crees lúcidas pinceladas a lo “idílico” de nuestro pueblo, es mu largo y aluego se cansa el personal, pero quisiera decirte simplemente esto: un exceso de luz puede ser como un exceso de sombra, la realidad así es inasible, la rareza y la ignorancia no siempre las gobierna el que las disfruta o padece.
Anda, vete a descansar, que no te ves las manos con tanta petición: ya rellenaremos esto como Dios nos dé a entender hasta que nos deleites con otra brizna como la de arriba.
Afectos,
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