Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven.
He aquí un consejo que una vez oí dar a un joven: Haz siempre lo
que temas hacer.
Poseer la gloria y la juventud es demasiado para un mortal.
Toda hora perdida en la juventud es una probabilidad de
desgracia en el porvenir.
En los ojos del joven arde la llama. En los del viejo brilla la luz.
Un cura joven hace los mejores sermones.
Las nociones de rectitud e ilicitud, justicia e injusticia, no tienen lugar en la guerra.
El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones.
Un acto de justicia permite cerrar el capítulo; un acto de venganza escribe un capítulo nuevo.
El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor.
Justicia es el hábito de dar a cada quien lo suyo.
Cada generación se revuelve contra sus padres y se aproxima a sus abuelos.
Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa.
La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu.
Nada hay más injusto que buscar premio en la justicia.
Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
¿Acaso los poetas no están siempre del lado de la justicia?.
Demasiado libertinaje en la juventud seca el corazón, y demasiada continencia atasca el espíritu.
La justicia no es otra cosa que la conveniencia del más fuerte.
La juventud es un defecto que se corrige con el tiempo.
La temeridad acompaña a la juventud, como acompaña la prudencia a la vejez.
Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre.
La juventud tiene el temperamento vivo y el juicio débil.
Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte
contraria.
Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven.
La absolución del culpable es la condena del juez.
Poseer la gloria y la juventud es demasiado para un mortal.
Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás.
En los ojos del joven arde la llama. En los del viejo brilla la luz.