Aunque las mujeres no somos
buenas para el consejo,
algunas veces acertamos.
Cásate con un arqueólogo.
Cuanto más vieja te hagas,
más encantadora te encontrará.
Cada edad tiene sus placeres,
su razón y sus costumbres.
El consejo que la presteza
en la ejecución hace seguro,
lo hace frecuentemente
temerario la tardanza.
La peor enfermedad del
hombre es la curiosidad
inquieta de lo que
no puede conocer.
He aquí un consejo que una
vez oí dar a un joven:
Haz siempre lo
que temas hacer.
Sólo un loco celebra que cumple años.
Cuando dicen que soy demasiado
viejo para hacer una cosa procuro
hacerla enseguida.
En los ojos del joven, arde la llama;
en los del viejo, brilla la luz.
No agradeció el que no lo mereció.
Los hombres son como los vinos:
la edad agria los malos y
mejora los buenos.
El agradecimiento
envejece rápidamente.
En la boca del viejo todo lo
bueno fue, y todo lo malo es.
A mal rey, peor consejero.
Nada es tan peligroso como
un buen consejo acompañado
de un mal ejemplo.
Sólo un exceso es recomendable
en el mundo:
el exceso de gratitud.
Aunque las mujeres no somos
buenas para el consejo,
algunas veces acertamos.
Ningún hombre digno pedirá
que se le agradezca aquello
que nada le cuesta.
Pide prudente consejo a
los dos tiempos: al antiguo,
sobre lo que es mejor; al
moderno, sobre lo que es
más oportuno.
El consejo que la presteza
en la ejecución hace seguro,
lo hace frecuentemente
temerario la tardanza.
La gratitud es un producto
de la cultura; no es fácil
hallarla entre la gente basta.
Aprovechar un buen consejo
requiere de más sabiduría
que darlo.
Es necesario tener tanta
discreción para dar consejos,
como docilidad para recibirlos.