Ángel, con tu permiso, publico pa tó el jabeñerío lo que piensa de ti este escritor: estoy de cuerdo con él, no puedo ser de otra manera, por tu bondad como persona y tu altura como sociólogo. Esperamos tus intervenciones en este tu Foro Jabeño. Un fuerte abrazo,
Panóptico
SE TRATA DE ÁNGEL SAN JUAN
Alfredo P. Alencart
Profesor de la Usal
Aquí, en Salamanca, en los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad, conocí allá por 1992, al sociólogo Ángel San Juan Marciel (Geria, Valladolid, 1942). Fue un ‘descubrimiento de España’ en fecha tan emblemática, pues detecté en él un profundo afecto hacia la cultura y las gentes de la otra orilla del idioma. Por entonces fue nombrado Director del Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal, gestión magnífica, de puertas abiertas hacia todos los saberes y conocimientos, sin ningún engolamiento ni atisbo de superioridad de lo español por sobre lo latinoamericano.
Y aunque San Juan fue obligado a dejar el cargo por envidias pueblerinas, lo cierto es que su don natural (generar simpatías y entendimientos entre las gentes) supo ser ampliamente reconocido en esa América que él tanto quiere y que ha recorrido casi en su totalidad, impartiendo conferencias o verificando el trabajo de misiones técnicas de la cooperación internacional española. Aún recuerdo cómo, desde el principio, fue tan valorado por el más importante intelectual vivo venezolano, el historiador Guillermo Morón, quien hizo publicar en Caracas el libro de San Juan titulado De Nicaragua a Cuba (1995), en el notable fondo editorial de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela.
Me alegra que su reciente jubilación de esta casi ocho veces centenaria Universidad de Salamanca, tan sólo haya significado un contómetro de los años, avatares del calendario, reglamentos que cumplir… más no una mengua de su ingente capacidad de trabajo, de sus investigaciones de campo, de su inalterable espíritu fraterno para con casi todos, especialmente con los más desfavorecidos. Esta actitud ante la vida es algo que él supo aquilatar más aún, si cabe, durante sus largos años por varios países de la América hispana (Paraguay, Cuba o Nicaragua).
Ahora lo veo escribiendo artículos en El Adelanto de Zamora, su otra patria chica, aplicando sus conocimientos sociológicos al albañal en que están convirtiendo a España aquellos jerarcas (unos y otros) preocupados por sus bolsillos, sus prebendas y los incesantes lucros de sus Mandantes, bancos y demás Cías de las que huiría hasta el mismo Al Capone.
Y está en imprenta un nuevo libro suyo, pronto a ver la luz. Ya escribiré sobre él, cuando lo tenga y lea. Pero estoy convencido que será ‘degustable’ por lo sustancioso y claro, sin merodeos o intonsas erudiciones, aparentemente sesudas, pero ilegibles o intragables para cualquier lector medio. Y esto lo digo con conocimiento: he leído el citado libro aparecido en Venezuela, más otros tres de su autoría: “Cooperación Internacional” (2009), “Prospectiva sociológica de los emigrantes zamoranos a países de Centro-Europa (2008) y “Manual de Introducción a la Sociología” (2008). Su estilo tiene mucho de la impronta unamuniana, pues parte de una cosa y termina en otra, pero siempre vinculadas. Aquellos que otrora cuestionaban a Unamuno su estilo fragmentario, hoy no cesan de tributarle homenajes y exposiciones.
Yo, al buen Ángel San Juan Marciel, uno de los españoles más latinoamericano que conozco, deseo hacerle este homenaje fruto mi amistad más agradecida, pero también brotado de la puesta en la balanza de sus méritos profesionales, así como de su grande corazón, algo no muy habitual en estas tierras duras donde campea el egoísmo y la zancadilla.
Me alegro porque está vivito y coleando. Me alegro por su nuevo libro, obra escrita no para rellenar su CV sino por necesidad intelectual de decir Algo. Mi abrazo fraterno, querido fundador de la ONG Universitarios Pro-Tercer Mundo.
Panóptico
SE TRATA DE ÁNGEL SAN JUAN
Alfredo P. Alencart
Profesor de la Usal
Aquí, en Salamanca, en los pasillos de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad, conocí allá por 1992, al sociólogo Ángel San Juan Marciel (Geria, Valladolid, 1942). Fue un ‘descubrimiento de España’ en fecha tan emblemática, pues detecté en él un profundo afecto hacia la cultura y las gentes de la otra orilla del idioma. Por entonces fue nombrado Director del Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal, gestión magnífica, de puertas abiertas hacia todos los saberes y conocimientos, sin ningún engolamiento ni atisbo de superioridad de lo español por sobre lo latinoamericano.
Y aunque San Juan fue obligado a dejar el cargo por envidias pueblerinas, lo cierto es que su don natural (generar simpatías y entendimientos entre las gentes) supo ser ampliamente reconocido en esa América que él tanto quiere y que ha recorrido casi en su totalidad, impartiendo conferencias o verificando el trabajo de misiones técnicas de la cooperación internacional española. Aún recuerdo cómo, desde el principio, fue tan valorado por el más importante intelectual vivo venezolano, el historiador Guillermo Morón, quien hizo publicar en Caracas el libro de San Juan titulado De Nicaragua a Cuba (1995), en el notable fondo editorial de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela.
Me alegra que su reciente jubilación de esta casi ocho veces centenaria Universidad de Salamanca, tan sólo haya significado un contómetro de los años, avatares del calendario, reglamentos que cumplir… más no una mengua de su ingente capacidad de trabajo, de sus investigaciones de campo, de su inalterable espíritu fraterno para con casi todos, especialmente con los más desfavorecidos. Esta actitud ante la vida es algo que él supo aquilatar más aún, si cabe, durante sus largos años por varios países de la América hispana (Paraguay, Cuba o Nicaragua).
Ahora lo veo escribiendo artículos en El Adelanto de Zamora, su otra patria chica, aplicando sus conocimientos sociológicos al albañal en que están convirtiendo a España aquellos jerarcas (unos y otros) preocupados por sus bolsillos, sus prebendas y los incesantes lucros de sus Mandantes, bancos y demás Cías de las que huiría hasta el mismo Al Capone.
Y está en imprenta un nuevo libro suyo, pronto a ver la luz. Ya escribiré sobre él, cuando lo tenga y lea. Pero estoy convencido que será ‘degustable’ por lo sustancioso y claro, sin merodeos o intonsas erudiciones, aparentemente sesudas, pero ilegibles o intragables para cualquier lector medio. Y esto lo digo con conocimiento: he leído el citado libro aparecido en Venezuela, más otros tres de su autoría: “Cooperación Internacional” (2009), “Prospectiva sociológica de los emigrantes zamoranos a países de Centro-Europa (2008) y “Manual de Introducción a la Sociología” (2008). Su estilo tiene mucho de la impronta unamuniana, pues parte de una cosa y termina en otra, pero siempre vinculadas. Aquellos que otrora cuestionaban a Unamuno su estilo fragmentario, hoy no cesan de tributarle homenajes y exposiciones.
Yo, al buen Ángel San Juan Marciel, uno de los españoles más latinoamericano que conozco, deseo hacerle este homenaje fruto mi amistad más agradecida, pero también brotado de la puesta en la balanza de sus méritos profesionales, así como de su grande corazón, algo no muy habitual en estas tierras duras donde campea el egoísmo y la zancadilla.
Me alegro porque está vivito y coleando. Me alegro por su nuevo libro, obra escrita no para rellenar su CV sino por necesidad intelectual de decir Algo. Mi abrazo fraterno, querido fundador de la ONG Universitarios Pro-Tercer Mundo.