LA HABA: Pueden pasar los años, cambiar los regímenes políticos,...

Pueden pasar los años, cambiar los regímenes políticos, aparecer el amor y el desamor, vivir una crisis y superarla, convivir con la enfermedad, observar cómo engordas y cómo tu carne apretada y tersa se torna ajada y se arruga, pasar de ser hijo a ser padre - cuando no abuelo-, toda esta metamorfosis y mucho más no puede mermar la capacidad que tiene el ser humano de enardecerse al escuchar una canción -aquella canción- de su juventud.

Yo no he perdido un ápice de mi capacidad para excitarme e inflamar mis sensaciones y sentimientos cuando –en soledad elegida- disfruto de canciones tan sencillas como “Un sorbito de Champán”, “Noches de blanco satén”, “La Casa del Sol Naciente”, “Noche de relámpagos”, “Nila”, “Lola”, “Puente sobre aguas turbulentas”, “Cuando un hombre ama a una mujer”, “Yesterday”, y la mejor: “Let it be”….. Ya sé, ya sé: “Leganés y su nostalgia”, pero es que no lo puedo remediar. Porque cuando estas cosas las tocaban “Los Players”, y no del todo bien por cierto, bastaba para que corazones como el tuyo y el mío se aceleraran hasta el desquicie. Pegar –sólo un pelín- tu mejilla a su mejilla amapolada era rozar el cielo; qué decir si tenías la sensación –quizá incierta- de que te apretaba tenuemente la mano como un guiño del incipiente amor que nacía: eso podía ser el acabose. Los corazones viejos como el mío, que a su latir desenfrenado por el desgaste suman los latidos que añade la nostalgia, hay que cuidarlos para no morir de felicidad: porque no hay nada más sublime que observar cómo uno se e nardece, indistintamente, con 16 o con 61 años, pues debe ser que sólo se invierte el número porque las sensaciones se niegan a reconocer la edad y permanecen intactas de por vida.

Aquella época, su música y nuestra forma de expresarlo hoy, se la puede tildar de trasnochada, sensiblera y cursi, respectivamente, pero yo no abdico de consumir- de vez en cuando como hoy- un sorbito más de nostalgia aunque me nuble los ojos y se me acuse de pedante o de flojo: ya está servida España, desde siempre, de los suficientes machos fornidos a los que el llanto y la ternura les pudieran restar hombría.

Este viaje de vuelta que hacemos los humanos desde la adultez a la adolescencia –montados en el tren de los recuerdos- debe ser como una trampa vital que nos tiende el destino para conseguir la máxima cota de felicidad, un espejismo que se acerca y se distancia de los hombres según el momento –o el estado de ánimo- que se viva. Hoy, toca vivir con el despropósito, y es el momento de echarse una copa de vino y escuchar –solo o, mejor, acompañado- un par de canciones que me permito recomendar: “A Witer Shade of Pale” y Nights in Wite Satin”. Si hacéis un esfuerzo y conseguís la versión en disco de la banda Procol Harem, liderada que fue por Gary Brooker, tocaréis el cielo. Yo las escuché en el verano de l967, recién sacaditas del horno, y las disfruté en inglés a sabiendas –sin entenderlo- de que atesoraban un mensaje tan sublime que no necesitaba de traducción. De las sensaciones que sintáis después, si fuerais generosillos, deberíais escribidme y contármelas.

Y todo ello lo digo, con todo mi afecto, para la nueva forera “anapi”, hija de un Players.

Chao,