LA HABA: El día de San José se celebran tantas cosas que invita...

El día de San José se celebran tantas cosas que invita a la reflexión. Día del padre, día de los artesanos (¿carpinteros?), onomástica de tanto Pepe y Pepa (¡felicidades!), patrón de China, Fallas Valencianas, Feria Jabeña, ¿qué casa española no estará mañana de fiesta?). San José para mí es la contradicción misma, no él sino lo que se ha hecho con él y de él: veámoslo.

San José, padre putativo de Jesús (de esas dos pes dicen que viene lo de Pepe), no llevó el hombre una vida fácil. En una sociedad machista -donde a la mujer adúltera se la podía apedrear hasta la muerte- vivió la duda del traicionado, pero la cambió por la Fe y se aferró a aquel sueño donde el ángel le vino a decir (Mateo 1, 21) “que no había hombre de por medio”. Pero ves tú y lo explicas en la plaza. Con esos antecedentes va la Iglesia Católica, siempre tan ajustada, y le nombra “Gran Protector de la Duda”, que manda narices la gracia que tiene el título. Y no teniendo más hijos, si se toma por suyo el Hijo de Dios, se le renombra “Patrón de la Familia”, cuando yo creo que Jacob –prolífico donde los haya- era el nominado que mejor encarnaba el título. (Y el Corte Inglés, aprovechando el tirón, declara su onomástica como “Día del padre”). Al carajo nos va a mandar el bueno y casto de San José con tanto abuso.

Y por los abusos vino la República, suelo yo decir. Y la Iglesia, que no le da respiro, lo tiene nombrado “Patrón de China y de Vietnam”, que son –demográficamente hablando- territorios donde hace falta el condón más que esos nombramientos (para evitar a Herodes) y en donde nada se le ha perdido al Santo.

Pero el paroxismo de la contradicción, en la figura de San José, lo alcanza la Iglesia a través de un papa que conoció y ayudó mucho a la España del cólera de finales del XIX, Benedicto XV –antes nuncio en Madrid-, quien vino en concederle un nombramiento no por algo ni por nada, sino “en contra de”, manda güevos: “Patrono contra el comunismo” y “Patrono contra la relajación moral”. (Tengo que tener cuidado en mi situación actual, que este purpurado murió en Roma de gripe).

(Debe de haber metido un gol el Madrid, porque me llega la voz histérica de mi mujer. Prosigo)

Quien haya tenido el privilegio de viajar a Israel, y la suerte de adentrarse en lo que hoy es Palestina (viaje que encoge el corazón al más descreído), se dará cuenta que es una tierra inhóspita hasta para el cardo, por lo que trabajar la madera –en aquella época y ahora mismo- era muy difícil e improbable: apenas había madera; y la que había –sagrados olivos- había que conservarla para que fructificase en aceite. Dudo que San José, y menos Jesús, fuese carpintero. Pero el acierto bíblico –más allá de otra contradicción con el santo- de alumbrar a Cristo como un artesano de la madera es, a mi entender, la más hermosa de las parábolas para un cristiano: que Alguien llamado a transformar trozos de carne, o de madera, en corazones sensibles; o moldear y transformar mentes llenas de inmundicia y banalidad para convertirlas en fuentes de justicia, pureza y honestidad, se defina como un trabajador que utiliza sus manos para laborar es algo muy hermoso, un testimonio que debería recoger el cristiano con corbata de hoy. Esto vale para cualquier religión, y, no creyendo en ninguna, vale para mantener viva la utopía, que es otra especie de religión.

En cualquier caso, si el día de San José vale para que mis hijos se dejen caer por mi casa, ¡Bienvenido el día del Padre!

(Victoria, hay que pasar el día)
(Felicidades a Pepa, a Pepi, y a Pepito, a mi amigo Josep de Lliça, (ellos saben que yo sé quiénes son; a Pepe Romero, a las pepas foreras, y, muy especialmente, a mi querido amigo el cantaó Pepe “Chiquito de Cádiz”: que su Dios le dé garganta unos años más para seguir bordando la soleá.

Buenas noches a todos,