Hola Andrea, ¿qué tal mujer?. Junto con Pepe (que ya es nuestro Pepe), has tocado el tema de comer y beber que es para lo que han nacido los animales como yo. Yo soy un comilón: Churros y porras, jeringos, tejeringos, cohombros, calentitos, o buñuelos, los he comido en Madrid, Córdoba, Huelva, Galicia, Sevilla y Valencia, respectivamente. Y en nuestro pueblo, ya comentado por Victoria, por "degeneración" los llamamos MUÑUELOS, y los mejores los hacía en forma de rosca la María Merienda, y se pregonaban así ¡CalentiÍtos, CaalentiÍtooooos.!. Esta mujer (provista de aceite, harina y sal) lograba unas frituras exquisitas que ensartaba ardientes en unos juncos traídos del río Ortiga. Ponía el puesto en la puerta falsa de "Pamplina", y por una peseta, un quince de agosto, cenabas. ("Por una peseta se monta en vapor, se come y se bebe y se ve la función"). Tiempo habrá, Andrea, de comer estos "muñuelos", o las perrunillas que recuerda Pepe: claro que sí, un día vamos a hacer una merendilla en el pueblo y, en vez de escribir, vamos a hablar. Otra cosa que se ha mencionado, los garbanzos tostaos (o torraos) los llevaba al pueblo un hombre de Villanueva, eran muy blancos, estaban blanditos y riquísimos. No era blanca, ni blanda, ni rica, aquella cosa enorme que exhibía el burro tordo que cargaba los garbanzos, señor, diríase que el equino tenía cinco patas.
La escritura, Andrea, hay poca cosas que no pueda describir, y, tardíamente, he caído en la cuenta que los olores son una de ellas, son indescriptibles.
Si bien, tu hermosa percepción "recuerdo ahora el olor a trigo desde la calle Nueva" es perfectamente entendible sin más, con la condición de que el destinatario haya olido trigo. Me viene a la memoria, sobre todo pensando en gente urbanita a quien todo esto nuestro no le dice nada, un pasaje de un libro de Oscar Wilde donde un personaje neoyorquino le dice a otro " Mañana, para distendernos, podíamos hacer un picnic en el campo" y el otro le contesta: "Detesto el campo, ése lugar horrible por donde pasean los pollos crudos". Es acojonante la distancia que puede haber entre un jabeño y un neoyorquino, sin embargo, la obra de Lorca (llena de sol, agua, campo, yerba, fuentes, sangre, gitanos, flamenco, toros,.....) es perfectamente entendida en Nueva York.
Si uno come mucho se pone como yo estoy, gordo. Además, quien me conozca sabe de mi total desaliño externo, aderezado con barba espesa y pelo descuidado, la verdad a uno le pueden percibir como cualquier cosa, que es lo que es uno: Ayer, y ahí va la anécdota, caminaba mi mujer cargada de bultos a la salida del supermercado; un negrito con su "Farola", con el que nos llevamos muy bien, se ofreció como siempre y le arrebató las bolsas para acercarlas a casa (que está muy cerquita del súper); yo me quedé, descansando, sentado en la sillita de tijera del negro, cuando llegó una señora que estaba buenísima y me soltó un euro: "Que Dios se lo pague, señora", la dije. Cuando vino el negro le dije "toma un euro", y el me dijo: "ya me ha dado su señora otro", y le añadí: "ya, pero coge este también, que te lo he recaudado en tu ausencia". A mí me perciben, espero que no por el olor, como un mendigo. Y no pasa nada.
Buenas noches a todos.
La escritura, Andrea, hay poca cosas que no pueda describir, y, tardíamente, he caído en la cuenta que los olores son una de ellas, son indescriptibles.
Si bien, tu hermosa percepción "recuerdo ahora el olor a trigo desde la calle Nueva" es perfectamente entendible sin más, con la condición de que el destinatario haya olido trigo. Me viene a la memoria, sobre todo pensando en gente urbanita a quien todo esto nuestro no le dice nada, un pasaje de un libro de Oscar Wilde donde un personaje neoyorquino le dice a otro " Mañana, para distendernos, podíamos hacer un picnic en el campo" y el otro le contesta: "Detesto el campo, ése lugar horrible por donde pasean los pollos crudos". Es acojonante la distancia que puede haber entre un jabeño y un neoyorquino, sin embargo, la obra de Lorca (llena de sol, agua, campo, yerba, fuentes, sangre, gitanos, flamenco, toros,.....) es perfectamente entendida en Nueva York.
Si uno come mucho se pone como yo estoy, gordo. Además, quien me conozca sabe de mi total desaliño externo, aderezado con barba espesa y pelo descuidado, la verdad a uno le pueden percibir como cualquier cosa, que es lo que es uno: Ayer, y ahí va la anécdota, caminaba mi mujer cargada de bultos a la salida del supermercado; un negrito con su "Farola", con el que nos llevamos muy bien, se ofreció como siempre y le arrebató las bolsas para acercarlas a casa (que está muy cerquita del súper); yo me quedé, descansando, sentado en la sillita de tijera del negro, cuando llegó una señora que estaba buenísima y me soltó un euro: "Que Dios se lo pague, señora", la dije. Cuando vino el negro le dije "toma un euro", y el me dijo: "ya me ha dado su señora otro", y le añadí: "ya, pero coge este también, que te lo he recaudado en tu ausencia". A mí me perciben, espero que no por el olor, como un mendigo. Y no pasa nada.
Buenas noches a todos.