Ven conmigo, Vikki, déjame abrazar tu piel blanca, sentémonos entre los juncos a escuchar los versos que emanan desde el lecho del río. Sintamos la paz lejos de tanta caricatura humana. Verás, no te he contado que tuve una novia a la que le sobreexcitaba practicar sexo en lugares públicos, de modo que nos poníamos a faenar en la playa, en el cine, en recintos musicales abarrotados, en portales de edificios y hasta en el confesionario de una iglesia abandonada en un pueblo fantasma cerca de Teruel. ... (ver texto completo)