TÍA CASIMIRA, relato imaginario sobre un crimen real, (III de V)
El cabo, luego de mirar y aplicar su oreja al hueco y no ver ni escuchar nada, acercó su boca a la chaveta del postigo y, casi rozando el hierro con los labios, redondeándolos, alzó su voz en la noche:
- ¡¿Hay alguien ahí dentro!?- gritó zarandeando la puerta con sus inmensas manos.
La multitud parecía desaparecida, apenas era un murmullo. Ataviado con botas altas, cinto y trinchera negros, tricornio acharolado, funda y pistola ... (ver texto completo)
El cabo, luego de mirar y aplicar su oreja al hueco y no ver ni escuchar nada, acercó su boca a la chaveta del postigo y, casi rozando el hierro con los labios, redondeándolos, alzó su voz en la noche:
- ¡¿Hay alguien ahí dentro!?- gritó zarandeando la puerta con sus inmensas manos.
La multitud parecía desaparecida, apenas era un murmullo. Ataviado con botas altas, cinto y trinchera negros, tricornio acharolado, funda y pistola ... (ver texto completo)
TÍA CASIMIRA, relato imaginario sobre un crimen real, (IV de V).
Y algo hubo de haber, porque -derribada la puerta- como haciéndose los remolones en el momento más álgido de la noche, los civiles y su jefe dieron la espalda a la casa mientras los dos hijos varones de Casimira se adentraron desencajados por aquella boca de lobo en que se había convertido la entrada de la vivienda. Dirigieron sus miradas y sus pasos hacia al catre donde yacía su madre: sólo era una muñequita inerte vestida de negro, ... (ver texto completo)
Y algo hubo de haber, porque -derribada la puerta- como haciéndose los remolones en el momento más álgido de la noche, los civiles y su jefe dieron la espalda a la casa mientras los dos hijos varones de Casimira se adentraron desencajados por aquella boca de lobo en que se había convertido la entrada de la vivienda. Dirigieron sus miradas y sus pasos hacia al catre donde yacía su madre: sólo era una muñequita inerte vestida de negro, ... (ver texto completo)