eguro que cuando, allá por el Neolítico, al primer agricultor se le cayó al suelo la primera semilla, un gorrión bajó a recogerla. Este sí que fue el principio de una larga amistad. Estos pájaros son tan comunes que suelen pasar desapercibidos. Pero prácticamente no hay calle, edificio urbano, casa de campo o incluso arbusto en una linde que no esté animado por los piídos de los gorriones comunes. Sobre todo en el medio rural; en las ciudades, por desgracia, el declive de sus poblaciones empieza ... (ver texto completo)