RELATOS AL
ATARDECER-XLVII.
DÉCADA DE LOS SESENTA. La llegada a las grandes ciudades no fue fácil para muchos de nosotros debido al cambio de
costumbres y de trabajo en el
pueblo. El padre o la madre se encargaba de despertarnos: "venga, que es hora de levantarse", por eso no dependíamos del
reloj. En la ciudad lo primero que oíamos era el despertador, con un horario que cumplir, siempre dependiendo de la hora, atrás quedó el despertar con la llamada de padre o la madre, el cántico de los gallos
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