"Ya sé que invisibles altavoces instalados en cada
esquina, en los semáforos, en las copas de los naranjos, en los badajos de las
campanas de las
iglesias, en los escaparates de las
tiendas nos quieren convencer de las muchas horas de ocio de las que supuestamente disfrutamos y que esos minutos y esos días hay que gastarlos frenéticamente con la misma obligación y con el mismo estrés con los que se gasta las horas y los días completos dedicados al trabajo forzoso".
Candela.