Intuyó más que sintió el extraño silencio que había por el almendral. No se oía ni el trinar de los pájaros. Se desperezó y refregó las legañas. Miró hacia lo alto y vio opaco el cielo estrellado de la capa de la de Magdala. Se fijó en su cara y se dio cuenta que le estaba mirando con sus serenos ojos desde el más allá, como diciéndole, ¿qué haces tumbado a la bartola y sin mover ni un dedo? Vete ya para la fuente que está la mocita sola y está cansada de tanto escribir.
Dicho y hecho, se plantó ... (ver texto completo)
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