Cobijada bajo su manto estrellado, con su carita iluminada por una luz especial y con su voz angelical dijo: duendecillo, ahora mismo te vas volando sin parar en el mesón, y le dices a la moza de la rosa colorá, que ahora es el momento ideal para que las muchachas de el almendral hagan oír su voz, todas a una, pero sin gritar; sin aspavientos, razonando y haciendo mucha pedagogía, sobre todo entre los varones (que son amigos del sostenella y no enmendalla). Que corra la voz entre las mujeres, que ... (ver texto completo)