Es curioso que en cualquier diccionario relativamente antiguo al buscar el término "parado" en la primera acepción, más o menos, se pueda leer "persona tímida o poco decidida", o "sorprendido o confuso", o ya en términos taurinos (que Victoria me perdone) "el primero de la tarde fue parado....". Sin embargo, en los editados, pongamos, a partir de 1990 (?), prevalece el significado "que no tiene trabajo". (No sé qué tiene más peso en "parado", si el participio del verbo parar o el seco adjetivo). Lo que sí sé es que si a mí me dicen hoy "oye, mira, aquel señor es un parado", lo último que se me ocurriría pensar es que me señalan a un tipo tímido, sólo diría o pensaría "qué lástima, tan joven, con tan buena presencia, con tanta preparación....". Y es que esto del paro, no es que haya llegado a los libros como digo, cambiando quizá para siempre el significado principal de la palabra, es que nos está llegando a lo más íntimo de nuestro ser; tan es así, que cuando alguien cercano te dice "Leganés, estoy parado", como a mí me han dicho hoy, lo que uno siente primero es un vuelco abrupto y violento de sus vísceras, percibe cómo aumentan sus pulsaciones por minuto, nota una sequedad impropia en la boca, y las palabras con las que quisiera contestar, o no existen, o no las encuentra, y, por lo tanto, balbucea algo infantil y sin sentido con lo que torpemente trata de paliar el golpe. En poco se diferencian estos sentimientos de los producidos por una mala noticia que pueda darte un tercero respecto a un amigo común, por ejemplo padecer una grave enfermedad, sufrir un accidente grave, etc. Siendo esto último bastante peor, lo que subjetivamente piensa aquel parado o este enfermo, o este que ahora lo relata, es que se está ante un drama, porque socialmente nos hemos empeñado en que sea así. Y es bueno que lo entendamos como un verdadero drama, sólo así podremos atajar las causas y paliar sus efectos. ¿Qué tipo de esquizofrenia padece la sociedad actual que, con todo su poderío mediático, ofrecía al común de los mortales créditos baratos y a larguísimos plazos para comprar casas caras, vacaciones exóticas pagadas a plazo, coches de alta gama por cuatro chavos al mes, para luego dejarle (en menos de lo que dura el polvo de un gallo) sin casa, sin más vacaciones y sin coche por incurrir en impago de sus deudas? Es verdad que mucho indolente firmó lo que no debía ni podía firmar, y su penitencia está siendo el ridículo social. Pero la gente de buena fe, la que se empeñó sólo a medida de sus posibles, esto es su honesto trabajo, y van y le dejan sin él, cómo coño quieren que pague lo que debe. Ya sé que el problema es de fácil enunciado y de muy difícil solución, se lo dejamos a los políticos. Pero uno, que hoy se va a la cama bastante tristón, comienza también a preguntarse (como pedía JFK)
¿qué puedo yo hacer por el Gobierno?. Pues hay que ir olvidándose ya de eso que está en la calle de ¿qué coño hace este Gobierno por mí?.
Y, además, vosotros no me escribís.
Buenas noches a todos.
... (ver texto completo)