La crudeza de los veranos e inviernos extremeños se sufría, respectivamente, en las tierras de calma donde se recolectaba el trigo y la cebada, y en los serios olivares que nos proveían de ese manjar –entonces casi denostado- que es el aceite puro, o virgen, de oliva. Escojo estas dos tareas por entenderlas como los dos paradigmas que mejor definen la extremidad de nuestro clima. La Física dice que el frío no existe, que sólo el calor es un fenómeno independiente, pero nosotros los jabeños sabemos ... (ver texto completo)