Este lunes, primero de agosto, ha concluído tormentoso. Me acerco sin ganas al ordenador y observo que sólo tengo un correo: una amiga piadosa me envía una dulcísima canción, es muy buena pero demasiado azúcar. ¿Porqué nos gustará tanto el desamor para la poesía y la música?. ¿Será que donde no hay desgarro, perfidia, celos, amargura en fin, no pueda haber amor?. No lo sé; solo sé que me gustaría escribir un bolero que redondeara esta aparente contradicción. Pero cómo voy yo a escribir nada si llevo ... (ver texto completo)