Cuando Pánfilo Descuangarijado Antigualla se iba acercando a Carcundia aún llovía, los deshilachados harapos con los que pretendía cubrir su escuálida anatomía, estaban chorreando, tiritaba, así que aceleró el paso todo lo que sus cansinas fuerzas y destrozados borceguíes le permitían por ver si entraba un poco en calor.
Cuando llegó al foro estaba cayendo la noche y, el astro rey semejaba una inmensa bola de fuego que desaparecía por el lado de Portugal. En el claroscuro del límpido y transparente cielo que había quedado al despejarse la tormenta, brillaba esplendorosamente Selene en su fase plena.
En un extremo de la plaza, aún cobijados bajo los aleros de las casas levantadas para más gloria y honor de sus deidades, un nutrido grupo de principales rodeados de sus cohortes, admiraban extasiados el magnífico espectáculo que la naturaleza les brindaba gratis.
En otro, grupos de lugareños discutían hablando todos a la vez y acaloradamente si eran galgos o podencos, merinas o churras, y Pánfilo se dirigió a ellos gritándoles con su cascada voz aguardentosa y haciendo grandes aspavientos, mientras, con sus sarmentosos dedos les señalaba la luna.
Poco a poco, le fueron rodeando todos y él insistía con su proclama señalando al cielo con su índice huesudo pero, le hacían mofas y rechiflas diciendo, ¡guarro lávate las manos, limpia tus sucias uñas! y otras lindezas varias al tiempo que, se formaban corrillos que cantaban y bailaban el fandango extremeño.
Exhausto, hambriento, sediento, tiritando y arrastrando sus achaques y penas de miles de años, Pánfilo se separó lentamente y cuando ya se alejaba, observó que los patricios junto con sus mesnadas, muy alegres y dándose palmaditas en las espaldas, se dirigían alegremente a sus cuarteles habituales a adorar al becerro dorado que tantas alegrías les daba.
Así, salió a campo abierto y por el camino de Nogales llegó junto a un olivar decido a descansar al cobijo de los árboles, pero vio un letrero que con letras grandes decía, son cien mil de vellón al cambio actual. No pasar, peligro, lebreles furiosos sueltos, por lo que siguió tirando hacia adelante de su desgastado esqueleto esperanzado en hallar pronto lugares más hospitalarios.
Salud.
Cuando llegó al foro estaba cayendo la noche y, el astro rey semejaba una inmensa bola de fuego que desaparecía por el lado de Portugal. En el claroscuro del límpido y transparente cielo que había quedado al despejarse la tormenta, brillaba esplendorosamente Selene en su fase plena.
En un extremo de la plaza, aún cobijados bajo los aleros de las casas levantadas para más gloria y honor de sus deidades, un nutrido grupo de principales rodeados de sus cohortes, admiraban extasiados el magnífico espectáculo que la naturaleza les brindaba gratis.
En otro, grupos de lugareños discutían hablando todos a la vez y acaloradamente si eran galgos o podencos, merinas o churras, y Pánfilo se dirigió a ellos gritándoles con su cascada voz aguardentosa y haciendo grandes aspavientos, mientras, con sus sarmentosos dedos les señalaba la luna.
Poco a poco, le fueron rodeando todos y él insistía con su proclama señalando al cielo con su índice huesudo pero, le hacían mofas y rechiflas diciendo, ¡guarro lávate las manos, limpia tus sucias uñas! y otras lindezas varias al tiempo que, se formaban corrillos que cantaban y bailaban el fandango extremeño.
Exhausto, hambriento, sediento, tiritando y arrastrando sus achaques y penas de miles de años, Pánfilo se separó lentamente y cuando ya se alejaba, observó que los patricios junto con sus mesnadas, muy alegres y dándose palmaditas en las espaldas, se dirigían alegremente a sus cuarteles habituales a adorar al becerro dorado que tantas alegrías les daba.
Así, salió a campo abierto y por el camino de Nogales llegó junto a un olivar decido a descansar al cobijo de los árboles, pero vio un letrero que con letras grandes decía, son cien mil de vellón al cambio actual. No pasar, peligro, lebreles furiosos sueltos, por lo que siguió tirando hacia adelante de su desgastado esqueleto esperanzado en hallar pronto lugares más hospitalarios.
Salud.