Quedó callada la platea, el duende. Que había estado danzando todo el día de la ceca a la Meca, oyendo en los corros de los menos mayores sus inmediatos anhelos e inquietudes; por ejemplo, ¿ dónde nos hacemos hoy el botellón, en Nogales o en La Torre, Villanueva de Albarcarrota, Valleverde o Badajó?; también vió otros muy pocos, debiluchos y con la mente muy clara, maquinando la treta que usarián para trabar contacto con su amada; la de los ojos de miel y la frente despejada que lucía una hermosa negra cabellera espesa, hasta la cintura trenzada , y se ensimismó; recordando cuando chico con tierna mano con la piel ya grieteada y encallada, aplicado y ufano copiaba del manuscrito deteriorado, con pastas descoloridas y picos tan roidos y gastados; signos góticos y redondillas, verticales, inclinadas, picuditas , espatarradas, ahora hacia aquí, ahora hacia allá. Y, asímismo se dijo, ¡ jo ¡, ¡qué pasada¡, y yo ya calvo y sin peinar.
Así que, dando dos bricos fue hasta el cerro Jacho echando una mirada al convento Rocamador, vió tal luminaria; que, corriendo huyó buscando el soterrañeo de su guía mayor, donde bajo su manto inconmensurablemente cálido y tan acogedor, enseguida encontró el descanso que su torturada alma en un lugar y en otro con tanto denuedo buscó.
Más tarde, ya casi de día, se despertó y, echando un vistazo vió que todos dormian; unos lo hacían en blanco y negro y otros en tecnicolor y, muy pocos lo hacían agarrados a Morfeo o abrazados al Amor, más allí, casí tapada por troncones de árboles centenarios, claveles y rosas coloradas, divisó a su beldad. Su diosa idealizada.
Salud.Quedó callada la platea, el duende. Que había estado danzando todo el día de la ceca a la Meca, oyendo en los corros de los menos mayores sus inmediatos anhelos e inquietudes; por ejemplo, ¿ dónde nos hacemos hoy el botellón, en Nogales o en La Torre, Villanueva de Albarcarrota, Valleverde o Badajó?; también vió otros muy pocos, debiluchos y con la mente muy clara, maquinando la treta que usarián para trabar contacto con su amada; la de los ojos de miel y la frente despejada que lucía una hermosa negra cabellera espesa, hasta la cintura trenzada , y se ensimismó; recordando cuando chico con tierna mano con la piel ya grieteada y encallada, aplicado y ufano copiaba del manuscrito deteriorado, con pastas descoloridas y picos tan roidos y gastados; signos góticos y redondillas, verticales, inclinadas, picuditas , espatarradas, ahora hacia aquí, ahora hacia allá. Y, asímismo se dijo, ¡ jo ¡, ¡qué pasada¡, y yo ya calvo y sin peinar.
Así que, dando dos bricos fue hasta el cerro Jacho echando una mirada al convento Rocamador, vió tal luminaria; que, corriendo huyó buscando el soterrañeo de su guía mayor, donde bajo su manto inconmensurablemente cálido y tan acogedor, enseguida encontró el descanso que su torturada alma en un lugar y en otro con tanto denuedo buscó.
Más tarde, ya casi de día, se despertó y, echando un vistazo vió que todos dormian; unos lo hacían en blanco y negro y otros en tecnicolor y, muy pocos lo hacían agarrados a Morfeo o abrazados al Amor, más allí, casí tapada por troncones de árboles centenarios, claveles y rosas coloradas, divisó a su beldad. Su diosa idealizada.
Salud.
Así que, dando dos bricos fue hasta el cerro Jacho echando una mirada al convento Rocamador, vió tal luminaria; que, corriendo huyó buscando el soterrañeo de su guía mayor, donde bajo su manto inconmensurablemente cálido y tan acogedor, enseguida encontró el descanso que su torturada alma en un lugar y en otro con tanto denuedo buscó.
Más tarde, ya casi de día, se despertó y, echando un vistazo vió que todos dormian; unos lo hacían en blanco y negro y otros en tecnicolor y, muy pocos lo hacían agarrados a Morfeo o abrazados al Amor, más allí, casí tapada por troncones de árboles centenarios, claveles y rosas coloradas, divisó a su beldad. Su diosa idealizada.
Salud.Quedó callada la platea, el duende. Que había estado danzando todo el día de la ceca a la Meca, oyendo en los corros de los menos mayores sus inmediatos anhelos e inquietudes; por ejemplo, ¿ dónde nos hacemos hoy el botellón, en Nogales o en La Torre, Villanueva de Albarcarrota, Valleverde o Badajó?; también vió otros muy pocos, debiluchos y con la mente muy clara, maquinando la treta que usarián para trabar contacto con su amada; la de los ojos de miel y la frente despejada que lucía una hermosa negra cabellera espesa, hasta la cintura trenzada , y se ensimismó; recordando cuando chico con tierna mano con la piel ya grieteada y encallada, aplicado y ufano copiaba del manuscrito deteriorado, con pastas descoloridas y picos tan roidos y gastados; signos góticos y redondillas, verticales, inclinadas, picuditas , espatarradas, ahora hacia aquí, ahora hacia allá. Y, asímismo se dijo, ¡ jo ¡, ¡qué pasada¡, y yo ya calvo y sin peinar.
Así que, dando dos bricos fue hasta el cerro Jacho echando una mirada al convento Rocamador, vió tal luminaria; que, corriendo huyó buscando el soterrañeo de su guía mayor, donde bajo su manto inconmensurablemente cálido y tan acogedor, enseguida encontró el descanso que su torturada alma en un lugar y en otro con tanto denuedo buscó.
Más tarde, ya casi de día, se despertó y, echando un vistazo vió que todos dormian; unos lo hacían en blanco y negro y otros en tecnicolor y, muy pocos lo hacían agarrados a Morfeo o abrazados al Amor, más allí, casí tapada por troncones de árboles centenarios, claveles y rosas coloradas, divisó a su beldad. Su diosa idealizada.
Salud.