Aquel día el duende tenía ganas de estirar un poco las piernas, así que salió de su calleja y en cuatro “zancajás” se encaramó en lo más alto del campanario medio en ruinas de Pedro y echó una ojeada alrededor. Todo seguía como siempre, el parque, la fuente con su mozuela, los campos circundantes, pero, al mirar las farolas de la plaza vio que habían incorporado junto a la palmera cuatro o cinco marmolillos cúbicos nuevos. Se fijó mejor para captar los detalles del monumento y, cual no sería su sorpresa, al ver que era un grupúsculo de neandertales que por un extraño capricho de la naturaleza, se habían reencarnado en el lugar. Junto a ellos, había unos artilugios revienta-tímpanos que, al parecer usaban para trasladarse de un sitio a otro. El que parecía capitanearles era el que tenía el cubo granítico, al que él llamaba tarro, más gordo y cuadrado y, por una oquedad exhalaba unos vapores hediondos que sonaban como eructos, por medio de cuyos sonidos se comunicaba con sus semejantes, quienes también emitían ruidos similares , pero él se imponía al guirigay con sus exabruptos.
Se les notaba bien nutridos, sanos, con masa corporal aceptable, señal que sus progenitores se habían preocupados mucho por ellos, pero al parecer habían fracasado, porque llegó hasta las pituitarias del duende un olor acre y avinagrado que estuvo a punto de provocarle náuseas.
Vio que le estaba observando Myrian la de Magdala con su carita protectora que parecía decirle , -déjalos, son débiles, necesitan mucho cariño y protección y así, algún día dentro de mucho tiempo, evolucionaran a seres normales, de esos llamados habilis. Entonces se elevó hacia sus estrellas preferidas y él se metió en su caverna refugio antes que las flatulencias le mareasen y le hicieran perder pies.
Salud.
Se les notaba bien nutridos, sanos, con masa corporal aceptable, señal que sus progenitores se habían preocupados mucho por ellos, pero al parecer habían fracasado, porque llegó hasta las pituitarias del duende un olor acre y avinagrado que estuvo a punto de provocarle náuseas.
Vio que le estaba observando Myrian la de Magdala con su carita protectora que parecía decirle , -déjalos, son débiles, necesitan mucho cariño y protección y así, algún día dentro de mucho tiempo, evolucionaran a seres normales, de esos llamados habilis. Entonces se elevó hacia sus estrellas preferidas y él se metió en su caverna refugio antes que las flatulencias le mareasen y le hicieran perder pies.
Salud.