ALMENDRAL: Revoloteando por las calles de cualquier ciudad, un...

Revoloteando por las calles de cualquier ciudad, un día se encontró de cara a una que fue y aún es con casi sus ochenta, lozana moza almendralense. Le soltó el requiebro galán “ ¿ Donde vas con tanto garbo bella moza de Almendral, donde vas tan peripuesta con tu rosa colorá? “ Le contestó con su sonrisa alegre y su buen ánimo natural. –Hijo, cuanto echo en falta el no haber podido estudiar, no puedes imaginar la rabia tan grande que siento todavía, cuando me acuerdo que íbamos el piojo y yo—Refiriéndose a su hermano chico— trabajando con el afán de hacer la misma faena que hacían nuestras hermanas mayores. Por un momento se le quebró un poco la voz, pero se rehizo enseguida y siguió contando vivencias de su infancia, infancia de guerra y posguerra, de hambre y miseria, de su madre y de su padre, en la cárcel, sin poderles ayudar. Luego, recordando, al duende se le hizo un nudo en la garganta y se le escaparon unos cuantos lagrimones de esos que queman por dentro y por fuera. También sintió mucha rabia. Por eso pensó que esas jovencitas remilgadas, amiguitas de sus amiguitos a quienes añora tanto o, esos jovencitos bravos que llaman mentirosos a quienes no están en su onda, ambos, en su supina ignorancia, harían mejor en seguir ensayando sus ingenuos juegos florales o sus actos sacramentales, por lo menos hasta que aprendan más.
Después, ya más calmado, se dio una vuelta por el parque con su fuente y su mocita y se fue para su refugio, con la Pura de cabecera.
Salud.