¿Quien merece más reproche social, el violador, el que mata a su esposa alegando que es suya, el que incumple la decisión de algún juez aproximándose unos metros más de lo permitido donde vive su ex, quien finiquita a otro por cualquier pendencia en un momento de ira, el que sale echando chispas con el coche después de pasar por encima de un peatón distraído o; quien o quienes apoyados por una organización, a salvo y a cubierto, con un mando a distancia o con otras armas, planifican un asesinato individual o en masa, teniendo asegurada la huida, usando explosivos y otros medios de destrucción? Que estos últimos aleguen que es un acción preventiva para salvar a su pueblo de los malos, ¿es una atenuante tan poderosa que, tras defuncionar a veinticinco, enterrar en vida a padres, hermanos, hijos y sembrar odio e inquietud en toda la sociedad, se vayan de rosita con veinte añitos de cómoda vida entre barrotes donde han sido tratados como héroes? ¿A cuanto le salió cada víctima, a ocho meses?
Pepiño.
Pepiño.