¡Oiga señor ganadero!
Escuche usted bien, le propongo un buen trato;
usted en sus dehesas cuida de sus animales
y cuando tengan fuerzas y años bastantes
se los vende a precio tasado a un empresario
de esos que gestionan recintos cerrados
con gradas, palcos, asientos y charangas, que dicen
plazas.
Con sólo una condición, que no sean asesinados
con lanzas, banderillas negras o blancas ni dardos.
Que el lidiador, con
caballo o sin el al que nadie discute valor,
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