En los años cincuenta y tantos, por ahí hacíamos nuestra Semana Santa particular. ¿Alguién se acuerda? éramos unos niños adelantados en el tiempo y digo el por qué: limpiábamos las calles de cera, de las procesiones, y hacíamos velas reciclándolas; recogíamos las cajas de sardinas que ya no quería el pescadero, reutilizándolas, y hacíamos los pasos; a Bely, la aquilina, la vestíamos de virgen y la subíamos en el paso; Ramón, el de Cándida, le cantaba saetas subido en el muro. Nos lo pasábamos bomba. ... (ver texto completo)