Paseando el pasado sábado por este lugar, me adentré en lo que fué la casita, junto a la ribera, en la que vivió la Señora María(la lavandera)y donde alguna que otra vez tomé , en otra época, un café que ella con cariño y afecto me ofreció.Solo quedan paredes derruidas por el tiempo , pero su espíritu estaba allí, en cada una de sus
piedras.El gallinero semiderruido y algún tendedero se resistía a abandonar su primitivo enclave.Mientras saboreaba el café de puchero me contó, reiteradamente, la
historia ... (ver texto completo)