Revoloteando por las calles de cualquier ciudad, un día se encontró de cara a una que fue y aún es con casi sus ochenta, lozana moza almendralense. Le soltó el requiebro galán “ ¿ Donde vas con tanto garbo bella moza de Almendral, donde vas tan peripuesta con tu rosa colorá? “ Le contestó con su sonrisa alegre y su buen ánimo natural. –Hijo, cuanto echo en falta el no haber podido estudiar, no puedes imaginar la rabia tan grande que siento todavía, cuando me acuerdo que íbamos el piojo y yo—Refiriéndose ... (ver texto completo)