Juan Domingo Argüelles

Como el mar que regresa

I

El mar siempre regresa;
sus montañas saladas se alejan,
pero vuelven;
abren las cicatrices de la arena; ... (ver texto completo)
El mar no acaba nunca de regresar;
apenas lo has mirado ya se ha ido;
apenas lo has perdido
y ya te encuentra.

Para decirle adiós
es necesario no irse nunca;
quedarse junto a él,
frente a frente y sin prisa,
pegar tus labios a su beso húmedo ... (ver texto completo)
Juan Domingo Argüelles

Como el mar que regresa

I

El mar siempre regresa;
sus montañas saladas se alejan,
pero vuelven;
abren las cicatrices de la arena; ... (ver texto completo)
Juan Domingo Argüelles

La torcaza

La torcaza volaba
y tú la contemplabas.

Era luz en la luz del mediodía,
calor en el calor de la mañana,
aire en el aire y tú
la contemplabas.

Tú la veías y eras libre,
porque la libertad de ver se aprende,
porque ser libre de mirar se aprehende
como el río a cantar aprende de los pájaros.

No le importaba a la torcaza su belleza,
pues vanidad no abriga;
volaba y nada más y el mar y el mundo
razón de ser tenían
y existían.

Tus ojos eran sus ojos
y eran sus alas tus alas. ... (ver texto completo)
Cuando los ojos ven lo que nunca vierón, el corazón siente lo que nunca sintió (Baltasar Gracián)
Lo que verdaderamente halaga a un hombre es que se crea que merece la pena halagarle (George Bernard Shaw)
Cuando los ojos ven lo que nunca vierón, el corazón siente lo que nunca sintió (Baltasar Gracián)
Verduzco, Sergio >

Perder es ganar y ceder renacer

Vengo
a hacerme un homenaje a mí mismo
como testimonio,
con mi gratitud
por cometer
los hechos con que supe edificarme. ... (ver texto completo)
Vengo
hecho un ovillo
a querer deshilvanar la vida;
pero traigo conmigo,
rejuntado en todo mi
camino,
un ramillete de méritos para defenderme del entorno
y transformarlo

como camino ... (ver texto completo)
Verduzco, Sergio >

Perder es ganar y ceder renacer

Vengo
a hacerme un homenaje a mí mismo
como testimonio,
con mi gratitud
por cometer
los hechos con que supe edificarme. ... (ver texto completo)
El reducto de la mente,
conciencia o ilusión,
realidad u obsesión,
frutos de un sueño inocente. Asén, Miguel de
Contemplé tanto la belleza, que mi vista le pertenece. (Constantin Kavafis)
Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.
No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella.
Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.
De vez en cuando me miro las manos.
Es entonces cuando quiero llorar.
Empiezo allí mismo el tercer misterio,
y me consuelo pensando que ya
quedará poco, que pronto veré
al abuelo. De mi esposo no quiero
acordarme, que es muy grande la herida.
Ataviado de luz llega mi nieto,
me observa fijamente y me pregunta:
¿abuela, qué tienes en la mirada? ... (ver texto completo)
A las nueve de la mañana empiezo
el cuarto misterio, en la terraza.
Los ojos se me van de la muchacha
que abre la tienda del Todo a Cien
a los gitanos que venden la fruta
en medio de la acera. En el aire
persiste el trajín que yo he vivido,
como una música que se repite
de generación en generación.
Al fondo de la avenida se ven ... (ver texto completo)
A las siete y media, cuando mi yerno
ha salido ya a ganarse el pan,
sigo mis rezos. Me siento en la silla
de mimbres y roble, a la ventana,
a ver cómo la ciudad despierta.
Días hay que cuento en una hora mil
coches; me despisto, pierdo el hilo.
Pero siempre aparece en la cocina
mi madre ciñéndose el delantal,
ante el fuego. Siempre huelo el vaho ... (ver texto completo)
De vez en cuando me miro las manos.
Es entonces cuando quiero llorar.
Empiezo allí mismo el tercer misterio,
y me consuelo pensando que ya
quedará poco, que pronto veré
al abuelo. De mi esposo no quiero
acordarme, que es muy grande la herida.
Ataviado de luz llega mi nieto,
me observa fijamente y me pregunta:
¿abuela, qué tienes en la mirada?
Nada, no tengo nada, le respondo.
Él, que es poeta y sabe del dolor
del alma, taladra mi ser entero
con una caricia cómplice. Luego,
besándome en la frente, tiernamente,
me entrega un libro, me guiña un ojo,
me llama su Dulcinea, me abraza. ... (ver texto completo)
Solano Grande, Santiago >

A las cinco de la mañana empiezo

A las cinco de la mañana empiezo
el primer misterio. Lo hago en la cama,
en tanto que la luz del día llega
y me alegra estos viejos ojos
llenos de cataratas. Veo a padre
en la era, aventando el trigo rojo, ... (ver texto completo)
A las siete y media, cuando mi yerno
ha salido ya a ganarse el pan,
sigo mis rezos. Me siento en la silla
de mimbres y roble, a la ventana,
a ver cómo la ciudad despierta.
Días hay que cuento en una hora mil
coches; me despisto, pierdo el hilo.
Pero siempre aparece en la cocina
mi madre ciñéndose el delantal,
ante el fuego. Siempre huelo el vaho ... (ver texto completo)
Solano Grande, Santiago >

A las cinco de la mañana empiezo

A las cinco de la mañana empiezo
el primer misterio. Lo hago en la cama,
en tanto que la luz del día llega
y me alegra estos viejos ojos
llenos de cataratas. Veo a padre
en la era, aventando el trigo rojo, ... (ver texto completo)