El ajedrez, interesantísimo; es juego de dioses: ¡manejar a nuestro antojo un mundo en pequeño con todas sus figuras! Quién sabe si el mundo no será en resumidas cuentas más que eso, un gran tablero de ajedrez al que unos seres superiores juegan con nosotros como nosotros jugamos con las figuras del ajedrez.
El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es que esta para morir.
El ajedrez, interesantísimo; es juego de dioses: ¡manejar a nuestro antojo un mundo en pequeño con todas sus figuras! Quién sabe si el mundo no será en resumidas cuentas más que eso, un gran tablero de ajedrez al que unos seres superiores juegan con nosotros como nosotros jugamos con las figuras del ajedrez.
En cada niño nace la humanidad.
La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.
El enemigo sólo empieza a ser terrible cuando empieza a tener razon.
En cada niño nace la humanidad.
No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.
El enemigo sólo empieza a ser terrible cuando empieza a tener razon.
Sólo por nuestras obras, por nuestra acción, podemos saber de nuestra vida.
No hay nada que desespere tanto como ver mal interpretados nuestros sentimientos.
Nunca, como al morir un ser querido, necesitamos creer que hay un cielo.
Sólo por nuestras obras, por nuestra acción, podemos saber de nuestra vida.
No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera.
Nunca, como al morir un ser querido, necesitamos creer que hay un cielo.
No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera.
Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia.
Perdonar supone siempre un poco de olvido, un poco de desprecio y un mucho de comodidad.
El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.
Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa que cuando pretende disfrazarse de justicia.
El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.
Bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos.
La alegría de hacer bien está en sembrar, no en recoger.
Más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor.
Si la pasión, si la locura no pasaran alguna vez por las almas...
La alegría de hacer bien está en sembrar, no en recoger.