Tan moderna es la mente, como antiguo el corazón. Se piensa entonces que quien hace caso al corazón se aproxima al mundo animal, a la falta de control, mientras que quien hace caso a la razón se acerca a las reflexiones más elevadas. ¿Y si no fuesen así las cosas, si fuese verdad exactamente lo contrario? ¿Y si ese exceso de razón fuese lo que deja desnutrida a la vida?
El hombre se parece cada vez más a una radio que solamente es capaz de sintonizar una franja de frecuencia. El uso excesivo de la mente produce más o menos el mismo efecto: de toda la realidad que nos rodea sólo logramos captar una parte restringida. Y en esa parte frecuentemente impera la confusión, porque está toda repleta de palabras, y las palabras, la mayor parte de las veces, en lugar de conducirnos a un sitio más amplio nos hacen dar vueltas como un tiovivo.
El corazón es el centro del espíritu.

El corazón se parece a una cámara de combustión. Allí dentro hay tinieblas, tinieblas y fuego.
Tan moderna es la mente, como antiguo el corazón. Se piensa entonces que quien hace caso al corazón se aproxima al mundo animal, a la falta de control, mientras que quien hace caso a la razón se acerca a las reflexiones más elevadas. ¿Y si no fuesen así las cosas, si fuese verdad exactamente lo contrario? ¿Y si ese exceso de razón fuese lo que deja desnutrida a la vida?
En la vida hace falta tener generosidad: cultivar el pequeño carácter propio sin ver nada más de lo que hay alrededor significa seguir respirando pero estar ya muerto.
El corazón es el centro del espíritu.

El corazón se parece a una cámara de combustión. Allí dentro hay tinieblas, tinieblas y fuego.
El carácter es mucho más apreciado en el mundo que la personalidad.

Es cómico, pero justamente la distracción es lo que nos permite llegar al centro de las cosas.
En la vida hace falta tener generosidad: cultivar el pequeño carácter propio sin ver nada más de lo que hay alrededor significa seguir respirando pero estar ya muerto.
Renunciar a uno mismo lleva al desprecio.

El amor no conviene a los perezosos, para existir en plenitud exige gestos fuertes y precisos.
El carácter es mucho más apreciado en el mundo que la personalidad.

Es cómico, pero justamente la distracción es lo que nos permite llegar al centro de las cosas.
La vida no es una carrera, sino un tiro al blanco, lo que importa no es el ahorro de tiempo, sino la capacidad de encontrar una diana.
Renunciar a uno mismo lleva al desprecio.

El amor no conviene a los perezosos, para existir en plenitud exige gestos fuertes y precisos.
Los pensamientos de un viejo no tienen futuro, por lo general son tristes, y si no tristes, melancólicos.
La vida no es una carrera, sino un tiro al blanco, lo que importa no es el ahorro de tiempo, sino la capacidad de encontrar una diana.
Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón, con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora.
Los pensamientos de un viejo no tienen futuro, por lo general son tristes, y si no tristes, melancólicos.
Las lágrimas que no brotan se depositan sobre el corazón, con el tiempo lo cubren de costras y lo paralizan como la cal que se deposita y paraliza los engranajes de la lavadora.
Ayer me preguntaron: ¿qué es la belleza? Y me llamaron tonto porque no pude decir más que tu nombre.

La belleza está en el corazón de la persona que la contempla.
La belleza caduca cuando la persona que la tiene, crea que es bella.

Mientras más bello por dentro, más bello por fuera... y el ser bello por fuera no implica belleza interior.
Los ojos, la mejor belleza reflejo del alma.
La belleza es un acuerdo entre el contenido y la forma.

La belleza está reflejada en los ojos de aquellas personas que saben apreciar el sentimiento de la verdad
La belleza no hace feliz al que la posee sino a quien puede amarla y adorarla.
•Las personas más bellas son aquellas con un corazón de oro, sentimientos que tienen el valor de un diamante y acciones que se reflejan como la plata...
•La única persona que es capaz de encontrar la belleza en un ser humano es aquella persona que no puede ver.