"Estoy tratando de decirte que me desespero de esperarte, que no salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte". (Los Rodriguez - "Todavía una canción de amor")
VICTORIA, tengo hasta las 12 libre, saludos y buena mañana
de calorazo un besoooooooooooooooooooooo
y gracias por tus mensajes de amistad.
Estaban dos donas, una natural y una glaciada. La glaciada le dijo a la otra:
- Eres una desglaciada.
jajaja, este es de lo malo lo peorrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, besosssssssssssssss
Estaban dos donas, una natural y una glaciada. La glaciada le dijo a la otra:
- Eres una desglaciada.
Feliz día, Victoria, disfrútalo y un besooooooooooooo, hasta la tarde a ver si hay más gente.
Al tiempo de alzar el vuelo,
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y toda su compañía. El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo. Árbol de grandiosidades,
fuente de la caridad,
depósito de bondades,
padre de inmensa piedad.
Antonio divino,
por tu intercesión,
todos merecemos
la eterna mansión.
Salgan verderones,
y las corderinas,
y las cogujadas,
y las golondrinas. Al instante que salieron
todas juntitas se ponen,
escuchando a San Antonio
para ver lo que dispone. Antonio les dijo:
No entréis en sembrados,
marchad por los montes,
riscos y los prados.
Al tiempo de alzar el vuelo,
cantan con dulce alegría,
despidiéndose de Antonio
y toda su compañía. El señor obispo,
al ver tal milagro,
por diversas partes
mandó publicarlo. Árbol de grandiosidades, fuente de la caridad,
depósito de bondades,
padre de inmensa piedad.
Salgan cigüeñas con orden
águilas, grullas y garzas,
gavilanes y abutardas,
lechuzas, mochuelos y grajas. Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices. Salgan el cuco y el milano,
burla pastor y andarríos
canarios y ruiseñores,
tordos, gafarrón y mirlos.
Salgan verderones,
y las corderinas,
y las cogujadas,
y las golondrinas. Al instante que salieron
todas juntitas se ponen,
escuchando a San Antonio
para ver lo que dispone. Antonio les dijo:
No entréis en sembrados,
marchad por los montes,
riscos y los prados.
Abrieron ventanas,
puertas a la par,
por ver si las aves
se querían marchar. Antonio les dijo a todos:
Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo los mande. Se puso a la puerta
y les dijo así:
Vaya, pajaritos,
ya podéis salir.
Salgan cigüeñas con orden
águilas, grullas y garzas,
gavilanes y abutardas,
lechuzas, mochuelos y grajas. Salgan las urracas,
tórtolas, perdices,
palomas, gorriones
y las codornices. Salgan el cuco y el milano,
burla pastor y andarríos
canarios y ruiseñores,
tordos, gafarrón y mirlos.
El hijo le contestó:
Padre, no tenga cuidado,
que para que no hagan mal,
todos los tengo encerrados. El padre que vio
milagro tan grande,
al señor obispo
trató de avisarle. Acudió el señor obispo
con grande acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.
Abrieron ventanas, puertas a la par,
por ver si las aves
se querían marchar. Antonio les dijo a todos:
Señores, nadie se agravie,
los pájaros no se marchan
hasta que yo los mande. Se puso a la puerta
y les dijo así:
Vaya, pajaritos,
ya podéis salir.
Lleno de alegría
San Antonio estaba,
y los pajaritos
alegres cantaban. Al ver venir a su padre
luego les mandó callar,
y llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar: Dime, hijo amado,
qué tal, Antoñito,
¿has cuidado bien
de los pajaritos?.
El hijo le contestó:
Padre, no tenga cuidado,
que para que no hagan mal,
todos los tengo encerrados. El padre que vio
milagro tan grande,
al señor obispo
trató de avisarle. Acudió el señor obispo
con grande acompañamiento,
quedando todos confusos
al ver tan grande portento.
Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación,
voy a encerrar a todos
dentro de esta habitación. A los pajaritos
entrar les mandaba,
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban. Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó
porque todos acudieron
como Antonio les mandó.
Lleno de alegría San Antonio estaba,
y los pajaritos
alegres cantaban. Al ver venir a su padre
luego les mandó callar,
y llegó su padre a la puerta
y comenzó a preguntar: Dime, hijo amado,
qué tal, Antoñito,
¿has cuidado bien
de los pajaritos?.
Entran en el huerto,
comen el sembrado,
por eso te encargo
que tengas cuidado. Cuando se ausentó su padre
y a la iglesia se marchó,
Antonio quedó cuidando
y a los pájaros llamó. Venid, pajaritos,
dejad el sembrado,
que mi padre ha dicho
que tenga cuidado.
Para que mejor yo pueda
cumplir con mi obligación,
voy a encerrar a todos
dentro de esta habitación. A los pajaritos
entrar les mandaba,
y ellos muy humildes
en el cuarto entraban. Por aquellas cercanías
ningún pájaro quedó
porque todos acudieron
como Antonio les mandó.