La sombra que entregan los edificios es seca… la sombra que entregan los árboles es húmeda y refrescante pienso, mientras camino bajo un sol abrasador y 35 grados de calor en un Madrid que se derrite lentamente. Extraño los árboles de esa ciudad lejana, me hacen falta en este lugar, que es sólo concreto, ruido de sirenas y gente enloquecida que parece hablar sola. No puedo dejar de sentir compasión mientras observo a esa jadeante perrita vagabunda que se aproxima a mis piernas para que la acompañe ... (ver texto completo)