ATARDECER EN LA PLAYA:
El sol se retira despacio en la arena, la tarde se viste de fuego y color, y el agua del mar, que mitiga la pena, se calma en un lento y hondo rumor.
Se besan las olas con la orilla tibia, un soplo de brisa acaricia la piel, la tarde se aleja callada y esquiva, dejando en los labios un dejo de miel.
Los barcos se pierden allá en el poniente, el cielo se tiñe de rojo y añil, y el día se apaga de forma valiente, con destellos suaves de un último abril.
Se queda la noche guardando el secreto, del paseo tranquilo, del paso y la paz, y el mar en la tarde susurra un soneto, mientras se detiene la luz fugaz.
Pepe J. C.
El sol se retira despacio en la arena, la tarde se viste de fuego y color, y el agua del mar, que mitiga la pena, se calma en un lento y hondo rumor.
Se besan las olas con la orilla tibia, un soplo de brisa acaricia la piel, la tarde se aleja callada y esquiva, dejando en los labios un dejo de miel.
Los barcos se pierden allá en el poniente, el cielo se tiñe de rojo y añil, y el día se apaga de forma valiente, con destellos suaves de un último abril.
Se queda la noche guardando el secreto, del paseo tranquilo, del paso y la paz, y el mar en la tarde susurra un soneto, mientras se detiene la luz fugaz.
Pepe J. C.