EL LATIDO DE UN
PUEBLO:
No son solo las
piedras que el tiempo ha esculpido, ni las
plazas gastadas por tanto latir; es la voz de los siglos que vive en el
nido, es la savia del pueblo que no ha de morir.
En el canto lejano que entona el abuelo, en el ritmo ancestral del telar y el
bordar, está el alma del pueblo trazando su vuelo, con la fuerza del viento y la voz de la
mar.
Nuestra
historia se teje en leyendas y ritos, en los
bailes que honran la tierra y el sol, en los versos más nobles, los cantos benditos, que nos dan identidad y nos dan el crisol.
Si un pueblo olvida sus mitos y
fiestas, si desprecia la lengua que oyó de su ayer, pierde el rumbo y la luz que abren las
puertas, de su propia grandeza y profundo saber.
Que la savia del
arte jamás se nos seque, que la
danza no deje sus pies de danzar. La cultura es el
puente que nada doblega, el orgullo del pueblo que sabe soñar.