Viaje en el
tren de la vida:
Pasa el viaje como los cambios de ropas,
según la moda, la edad, o la deshora.
Dejándonos recuerdos de cada tramo vivido.
En unas
estaciones sonríes, en otras con lamentos lloras, en otras reflexionas,
y en otras... en otras sólo esperas.
Y te observas viajando entre
estación y estación, examinas tus zapatos y cuentas los segundos, miras atrás y consideras los metros de
camino, donde te has quedado tu mismo, sin oportunidad de recogerte.
Te reflejas en la
ventana del tren, que te hace de
espejo y recuerdas los tiempos pasados.
Dos estaciones he de recorrer, antes de mi última parada mientras, seguiré esperando con el billete en la mano, a que el revisor me de el visto bueno, y me lleve rumbo a mi estación perenne,
Alicante.