Muchos que vienen de fuera se quedan impresionados de la pasión con la que se viven las fiestas en Caravaca. Pero he de decir que yo, un caravaqueño, sentí vergüenza cuando me llevé a unos amigos de fuera a la zona en el baile del pañuelo por la tarde. El ambiente es inigualable e impresionante, toda la gente saltando, cantando, riendo y felices con ese gusanillo que se remueve por dentro cuando las fiestas están a la vuelta de la esquina y se escucha una charanga. Pero todo ésto se viene abajo cuando, ... (ver texto completo)