Corria el año 1987, cuando un
joven musico caravaqueño recibe un encargo.
Componer una marcha mora para la Kabila Alhakem.
Y mira por donde este joven, que hasta la fecha no habia compuesto ninguna composición festera, nos llama un dia y nos dice que nos pasemos por la academia (placeta del
santo), para oir "algo" que ha compuesto.
Desde el primer momento nos dimos cuenta de lo grandiosa que era, del pedazo de marcha que habia compuesto para Alhakem, sonaba distinta a las que conociamos,
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