Estos jóvenes tienen un cacao mental tremendo. Hablan de ideologías como si fuera su equipo de futbol, hay que pertenecer a una tribu, a una parroquia, a un equipo de futbol o basket, a una peña, a una secta. Hay que pertenecer a un colectivo porque se carece de la personalidad suficiente para tener un criterio propio donde se acumula todo pero luego sale filtrado por el poder personal de la individualidad. Es una calamidad la poca clase de la juventud.