Este refrán indica la imposibilidad de obtener provecho de alguien que no quiere. Una persona que sea completamente ignorante y no quiera cambiar, nunca lo hará.
A los borricos: Alfalfa ¡.
Vemos así que no siempre el saber popular es acertado, puesto que estas prácticas violentas entre los géneros deben ser erradicadas y condenadas socialmente.
El refrán es reflejo de esto, comparando el trato que debe darse a una mujer con el dado a una bestia poco obediente, a la que solo se la puede someter a palos.
El abuso de la fuerza del hombre, no hacía más que encubrir la propia debilidad, los cuales muchas veces pagan sus frustraciones con sus “compañeras”.
Por suerte, en algunas culturas, la igualdad entre hombres y mujeres es un hecho, o al menos se intenta.
Lamentable muestra de cómo han sido las relaciones entre hombres y mujeres durante siglos, y continúan siendo en algunas partes.
A la mujer y a la burra, ¡zurra ¡.
Lamentablemente, la televisión nos da muestras que esta es una medida de seguridad personal de primer orden, siendo frecuentes los asaltos y agresiones causados por desconocidos.
Bien pues aquí se actúa del mismo modo, siempre con prudencia ante desconocidos
Extrapolado a las personas, el refrán nos recomienda desconfiar. ¿A quien no le han dicho de pequeño que no aceptara caramelos de desconocidos?.
Este refrán procede de la sabiduría de los pastores. Solo ellos conocen los problemas que conlleva el introducir una cabeza de ganado extraño en un rebaño ya consolidado. Las peleas se hacen frecuentes y en general, las ovejas se vuelven más ariscas.
A cordero extraño, no metas al rebaño.
También puede hacer referencia al Juicio Final, en el que Dios, Juez Supremo, pondrá a cada uno en el sitio que loe corresponde.
Todos, aunque no lo pensemos, tenemos que dar cuenta de nuestras acciones, normalmente a otra persona con una posición más elevada que la nuestra.