El otro día en el buzón de correos de mi casa apareció una hojita fotocopiada. En ella alguien manifestaba su repulsa a la construcción de miles de viviendas en Miraflores. La leí despacio y no pude reprimir una sonrisa de agradecimiento: alguien se había molestado en ir repartiendo por los buzones un poquito de sensatez. Sensatez porque no es lógico que de la noche al día se decida casi doblar la extensión y tamaño de un pueblo. Y al mismo tiempo me surgía un sentimiento de rabia porque daba la impresión que, aquellos que en su día fueron elegidos para defender los intereses del pueblo, han abandonado el interés general y apuestan por otros objetivos más prosaicos y personales. Dicen que quieren construir vivienda protegida pero entre miles de casas y el montón de dinero que se genera, dicha excusa parece peregrina y suena con ese tono paternalista de épocas pasadas en las que para encubrir desmanes, desde el poder se anunciaban medidas "sociales" que intentaban desviar la atención de lo que estaba sucediendo. Es una pena que haya desaparecido el NO-DO y que ya no puedan aparecer esos responsables en blanco y negro, con aire de personas de orden y de bien, imposibles de criticar bajo la amenaza de la represión, con banda de música y banderas al viento, mientras una voz en off comenta..." El excelentisimo alcalde de Miraflores y los concejales de urbanismo y medio ambiente, acompañados del promotor urbanístico han inaugurado esta mañana otra urbanización que traerá progreso, bienestar y desarrollo, construyendo miles de casas en lo que son terrenos de monte improductivos.".