Esta mañana oía el nombre de nuestro pueblo en la radio. Pero no eran de los paisajes o de las fiestas de lo que hablaban, era de la admisión a trámite de una querella contra nuestro querido alcalde por delito urbanístico.
A falta de lo que dictamine la justicia, el simple hecho de que nuestro alcalde (y el nombre de Miraflores) aparezca en esos lodazales, ya indica la gravedad del problema. Y si tenemos en cuenta lo que sucedió en Agosto pasado y cómo se ha venido actuando, puede que esta aparición en los medios de comunicación no sea la última.
Parece que mientras los ciudadanos pedimos nuestras pequeñas cosas del día a día a nuestros representantes (no se puede generalizar), ellos están en otro juego, mucho más sustancioso, alejados de la realidad. Se me vienen a la mente las protestas por los parquímetros en Madrid: las grandes cifras de dinero que se manejan en infraestructuras, no siempre necesarias, a menudo pasan por encima de los intereses de las personas.
En las municipales voté a un hombre afable, cercano al pueblo, a un vecino que parecía querer mejorar el día a día. Sus propuestas eran interesantes. Además me caía simpático. Conocía a casi todos los que iban en la lista y confiaba en sus capacidades (en general).
En estos años han hecho muchas cosas buenas y positivas.
Pero desde hace algún tiempo desconfío de su política. No entiendo qué proyecto de pueblo es el que plantean sobre todo en materia urbanística. Las formas han dejado bastante que desear y siembran dudas sobre el trasfondo del asunto , más aún si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que se va a mover. El panorama lejos de aclararse se enturbia más y más.
Todos tenemos derecho a mejorar, pero cuando veo bajarse a nuestro alcade de su todoterreno , pienso si realmente ese es el mismo hombre al que un día confié mi voto.
A falta de lo que dictamine la justicia, el simple hecho de que nuestro alcalde (y el nombre de Miraflores) aparezca en esos lodazales, ya indica la gravedad del problema. Y si tenemos en cuenta lo que sucedió en Agosto pasado y cómo se ha venido actuando, puede que esta aparición en los medios de comunicación no sea la última.
Parece que mientras los ciudadanos pedimos nuestras pequeñas cosas del día a día a nuestros representantes (no se puede generalizar), ellos están en otro juego, mucho más sustancioso, alejados de la realidad. Se me vienen a la mente las protestas por los parquímetros en Madrid: las grandes cifras de dinero que se manejan en infraestructuras, no siempre necesarias, a menudo pasan por encima de los intereses de las personas.
En las municipales voté a un hombre afable, cercano al pueblo, a un vecino que parecía querer mejorar el día a día. Sus propuestas eran interesantes. Además me caía simpático. Conocía a casi todos los que iban en la lista y confiaba en sus capacidades (en general).
En estos años han hecho muchas cosas buenas y positivas.
Pero desde hace algún tiempo desconfío de su política. No entiendo qué proyecto de pueblo es el que plantean sobre todo en materia urbanística. Las formas han dejado bastante que desear y siembran dudas sobre el trasfondo del asunto , más aún si tenemos en cuenta la cantidad de dinero que se va a mover. El panorama lejos de aclararse se enturbia más y más.
Todos tenemos derecho a mejorar, pero cuando veo bajarse a nuestro alcade de su todoterreno , pienso si realmente ese es el mismo hombre al que un día confié mi voto.