LOS QUE MUEVEN EL MUNDO:
No llevan corona de oro ni estatuas de sal en la memoria, son manos que harán la sombra y encienden la aurora.
No esperan el eco del trueno ni aplausos del tiempo, sino sembrar una grieta en el muro del miedo.
Cambiaron el mundo los de paso firme y voz baja, los que abrieron caminos donde la hierba se baja, los que dieron el pan dividiendo su propia hambre, y tejieron con hilos de fuego un nuevo estambre.
Unos cruzaron los mares buscando otra estrella, otros curaron la herida que el odio dejó con ella; los que dijeron "basta" con el pecho al desnudo, y con un verso libre rompieron el duro y viejo yugo.
No hay marcha atrás en la huella que deja un latido cuando se une al clamor de los desvalidos. Cada acto de amor, cada chispa encendida, es un mundo nuevo naciendo en la propia vida.
Y así gira la tierra, no por la fuerza del frío, sino por el calor de estos valientes: personas de barro y coraje que un día soñaron que en el mundo existía desigualdad, era grande... y al fin lo cambiaron.
No llevan corona de oro ni estatuas de sal en la memoria, son manos que harán la sombra y encienden la aurora.
No esperan el eco del trueno ni aplausos del tiempo, sino sembrar una grieta en el muro del miedo.
Cambiaron el mundo los de paso firme y voz baja, los que abrieron caminos donde la hierba se baja, los que dieron el pan dividiendo su propia hambre, y tejieron con hilos de fuego un nuevo estambre.
Unos cruzaron los mares buscando otra estrella, otros curaron la herida que el odio dejó con ella; los que dijeron "basta" con el pecho al desnudo, y con un verso libre rompieron el duro y viejo yugo.
No hay marcha atrás en la huella que deja un latido cuando se une al clamor de los desvalidos. Cada acto de amor, cada chispa encendida, es un mundo nuevo naciendo en la propia vida.
Y así gira la tierra, no por la fuerza del frío, sino por el calor de estos valientes: personas de barro y coraje que un día soñaron que en el mundo existía desigualdad, era grande... y al fin lo cambiaron.