AL FÚTBOL DE BARRO Y TUERRA:
Bajo un cielo gris de invierno, sin lujos ni perfección, la cancha de tierra espera el toque del viejo balón.
La lluvia mojó el terreno, la arcilla se vuelve mar, y los botines anhelan la gran hora de rodar.
No hay césped verde y prolijo, ni luces de gran estadio; hay charcos, marcas de guerra y un grito desde el barrio.
Se patea con el alma, se cruza con devoción; si la pelota se frena, se empuja con el corazón.
El barro salta a la cara, la camiseta es un cuadro, de marrón y de bravura, de un fútbol limpio y sagrado.
Caer al suelo es un arte, levantarse es una ley; en este suelo mojado cualquier pibe es un rey.
Bajo un cielo gris de invierno, sin lujos ni perfección, la cancha de tierra espera el toque del viejo balón.
La lluvia mojó el terreno, la arcilla se vuelve mar, y los botines anhelan la gran hora de rodar.
No hay césped verde y prolijo, ni luces de gran estadio; hay charcos, marcas de guerra y un grito desde el barrio.
Se patea con el alma, se cruza con devoción; si la pelota se frena, se empuja con el corazón.
El barro salta a la cara, la camiseta es un cuadro, de marrón y de bravura, de un fútbol limpio y sagrado.
Caer al suelo es un arte, levantarse es una ley; en este suelo mojado cualquier pibe es un rey.