TIERRA, SUDOR Y ORGULLO PEPINERO:
Bajo el sol de la meseta y el viento del sur, donde el barrio forjó su carácter más duro, había un campo de tierra, sin lujos ni flor, donde el "Lega" empezaba a ganar su honor.
No había un verde tapiz ni gradas de gala, solo el polvo en la cara y el alma que exhala, el olor a rosal, a esfuerzo y sudor, y el latido constante de un pueblo luchador.
Eran tardes de invierno con botas de barro, de balones de cuero rodando en el tarro, donde el orgullo pepinero echó su raíz, soñando despierto, feliz y a la vez, con gestar la leyenda que hoy todos conocen, la gloria humilde que en Butarque florece.
Del polvo a la gloria, del campo al gran cielo, quedó para siempre marcado este suelo. Que nunca se olvide, en la cima o la hierba, el alma de tierra que al "Lega" conserva.
Bajo el sol de la meseta y el viento del sur, donde el barrio forjó su carácter más duro, había un campo de tierra, sin lujos ni flor, donde el "Lega" empezaba a ganar su honor.
No había un verde tapiz ni gradas de gala, solo el polvo en la cara y el alma que exhala, el olor a rosal, a esfuerzo y sudor, y el latido constante de un pueblo luchador.
Eran tardes de invierno con botas de barro, de balones de cuero rodando en el tarro, donde el orgullo pepinero echó su raíz, soñando despierto, feliz y a la vez, con gestar la leyenda que hoy todos conocen, la gloria humilde que en Butarque florece.
Del polvo a la gloria, del campo al gran cielo, quedó para siempre marcado este suelo. Que nunca se olvide, en la cima o la hierba, el alma de tierra que al "Lega" conserva.