AQUELLOS DUEÑOS DE ALMAS:
Mas al vernos dueños del ancho prado, sin voz que mande ni reja en flor, el pecho siente que se ha quedado huérfano y ciego de protector.
¡Qué extraña trampa la de este día: ser absolutos en la extensión, y hallar que el peso de la autonomía es la más dura de las prisión!
Volamos libres, sin atadura, buscando un rumbo que no llegó; y en la delgada cima más pura, la libertad nos deshabitó.
Mas al vernos dueños del ancho prado, sin voz que mande ni reja en flor, el pecho siente que se ha quedado huérfano y ciego de protector.
¡Qué extraña trampa la de este día: ser absolutos en la extensión, y hallar que el peso de la autonomía es la más dura de las prisión!
Volamos libres, sin atadura, buscando un rumbo que no llegó; y en la delgada cima más pura, la libertad nos deshabitó.