En muchas novelas sobre intrigas vaticanas, el camarlengo es como el mayordomo, es decir, el principal sospechoso de complots e incluso de asesinatos en la ficción más populachera. El cardenal Tarcisio Bertone, en cambio, es una persona afable y sonriente. Es el típico salesiano práctico y optimista, que presta más atención a las personas que a los reglamentos. Y el fútbol le apasiona mucho más que las intrigas. Durante muchos años, Bertone fue el «número dos» del cardenal Ratzinger en la Congregación ... (ver texto completo)