RAÍLES DEL TREN:
Líneas de acero, venas del camino, cada una fraguada para su propio destino. Hay rieles pequeños, delgados y ligeros, que cargan la historia de viejos mineros; vías angostas de paso prudente, donde el metal calla y el suelo se siente.
Y crecen los hombros del hierro forjado, según el abismo que tengan al lado. El riel de tranvía, sutil en la acera, se funde en el plano de la carretera; mientras las rutas que cruzan fronteras piden perfiles de mil toneladas, vigas macizas, de bases pesadas, capaces de abrirse paso en las laderas.
Grosor que soporta el peso del mundo, el paso del tiempo, el trueno profundo. Si el riel es esbelto, la marcha es pausada; si el riel es robusto, la tierra es domada. Anchos y altos, en barras perfectas, dibujan el mapa de líneas rectas, paralelas eternas que miden la carga, haciendo la ruta más firme y más larga.
Líneas de acero, venas del camino, cada una fraguada para su propio destino. Hay rieles pequeños, delgados y ligeros, que cargan la historia de viejos mineros; vías angostas de paso prudente, donde el metal calla y el suelo se siente.
Y crecen los hombros del hierro forjado, según el abismo que tengan al lado. El riel de tranvía, sutil en la acera, se funde en el plano de la carretera; mientras las rutas que cruzan fronteras piden perfiles de mil toneladas, vigas macizas, de bases pesadas, capaces de abrirse paso en las laderas.
Grosor que soporta el peso del mundo, el paso del tiempo, el trueno profundo. Si el riel es esbelto, la marcha es pausada; si el riel es robusto, la tierra es domada. Anchos y altos, en barras perfectas, dibujan el mapa de líneas rectas, paralelas eternas que miden la carga, haciendo la ruta más firme y más larga.